FEMINICIDIO LA MALFORMACIÓN DE LA CREACIÓN

Autor: Dr. Omar Leonardo Herrera Rincón

“Dura lex, sed lex”, esta frase se conoce como un principio general del derecho romano, puede traducirse de manera ajustada y no literal, como “La ley es dura, pero es la ley”, y su explicación aunque algo absurda debe darse, esta frase nos indica es que la ley debe cumplirse a cabalidad y no de manera caprichosa o selectiva, es decir si me acojo a un sistema donde pretendo tributar como X persona para obtener beneficios, también debo entender que tendré cargas que cumplir.

No es posible acogerme solo a las partes que me beneficien en las leyes, en general los tratados, la constitución, los códigos, decretos, ordenanzas y demás, tienen para los ciudadanos cargas y beneficios, para algunos más que otros todo dependerá desde que ámbito se desempeñe y de qué manera lo haga.

En un estado social de derecho como lo es Colombia, esta frase se escucha en todas las facultades del país y es que aplica a nuestro ámbito jurídico, la norma de normas en nuestro campo es la Constitución Política de 1991, redactada y sancionada durante el gobierno de Cesar Augusto Gaviria Trujillo quien para la época ostentaba el título de economista, nuestra constitución consta de más de 380 artículos con los transitorios, nuestro código penal contempla 363 delitos en total y nuestro código civil se faja la pequeñez de más de 1900 artículos, esto solo por nombrar algunos de nuestros libros rectores.

Lo que salta a la vista es que Colombia es un país reglado y quizás hasta en exceso, el resultado de una constitución vigilada por un economista, creada por grupos diversos de médicos, comunicadores, abogados, entre muchas otras profesiones, lo cual da viva fe de que es una constitución aunque hermosa en muchos aspectos también algo sentimentalista, pero a pesar de esto siempre he considerado que nuestra carta magna tuvo una gran redacción e incluyo decenas de artículos que terminaron por favorecer al país.

Lo que realmente atañe a este escrito es la obsesión con la descabellada y desmedida creación de leyes en el país, Colombia ocupa el puesto 71 en el “Rule of Law Index”, un ranking que evalúa a los distintos países del mundo dependiendo de la calidad de su sistema judicial y sus instituciones, a pesar de ser tan normado, encuentro en los tres primeros puestos de dicha lista a Dinamarca, Noruega y Finlandia con 89, 121 y 131 artículos respectivamente en sus constituciones políticas, lo que esto nos muestra, es que no es necesario atiborrar nuestro sistema legal con leyes innecesarias, inexistentes y poco articuladas como las que estamos viendo introducir con el pasar de los años.

Hare hincapié en el tan afamado “Feminicidio”, delito que despertó hace años mi curiosidad y que cuando ahonde en los datos encontré que diversas autoridades lo definen como “la muerte de mujeres de manera violenta por razones de género”, es decir la muerte de una mujer por ser mujer, tome distancia cuando entendí las pretensiones de la inclusión de este delito en el articulado penal y en nuestra jurisdicción ya que me pareció bastante descabellado.

Quiero hacer un símil y lo recalcare con el fin de darme a entender; en los años de 1865 a 1866 en el estado de Tennessee de Norte América se creó el autodenominado “Ku Klux Klan” que inicio como un club social, con el tiempo sus miembros se fueron diversificando y tomando un rumbo más concreto que fue el ya conocido racismo extremo y violento, que si bien no nació con ellos si fueron estos quienes intensificaron la actividad criminal en contra de las masas afroamericanas para la época.

La actividad de estos grupos y la actitud displicente de los dirigentes de la época llevo a estos a convertirse en hordas que maltrataban, masacraban y humillaban a todo aquel que se atreviera a tener un tono de piel oscuro, de manera literal salían en grupos a buscar afrodescendientes con el fin de asesinarlos, los actos de violencia desencadenados por estas minorías fueron creciendo con el pasar de los años llegando al punto en que los diferentes gobiernos debieron acentuar sus leyes en contra de la violencia y el asesinato u homicidio, pero por más que he investigado y a pesar de tener razones de peso para hacerlo, no existe en Estados Unidos o Colombia el “Afrocidio” porque a pesar de ser negro, blanco, albino, mestizo o como quieran llamarlo este delito ya estaba tipificado como Homicidio.

Retomando entonces, espero haber podido contextualizar lo que es una masa de personas que matan a otros por una razón particular, ahora bien volviendo al feminicido, no encuentro la hordas de hombres que se reúnen a matar mujeres por el hecho de ser mujeres, tampoco encuentro grupos sociales con fines discriminatorios hacia ellas y mucho menos un asesinato palpable de una mujer porque era mujer, con lo cual la razón de ser de este delito no tiene fundamentos históricos, sociales ni de ninguna otra índole.

Lo que sí puedo decir con claridad, es que tanto una porción de los políticos de turno como los medios de comunicación en general usan estos eufemismos para perder el tiempo y distraer a una comunidad que a hoy no tiene claridad en los más de 300 delitos contemplados en la ley penal de nuestro país, ahora bien si lo que queremos es ir a las cifras en cuestión, encuentro que el promedio mensual de casos de violencia intrafamiliar contra mujeres es de 6500, mientras que los casos contra hombres son 1600 anuales, una diferencia abismal pero existen los

casos de la contraparte, en el tema de los homicidios para el año 2019 fueron 10651 hombres y 976 mujeres asesinadas, ahí también encontramos una diferencia sustancial, entonces si los dos géneros sufren las estadísticas violentas del país, ¿debemos crear el Masculinicidio?.

La respuesta a este interrogante es simple, no debemos crear tipos penales para ajustar nuestra ley a los pensamientos inocuos y poco profundos de unas minorías incultas, estos delitos ya están tipificados, ya tienen imposición de penas, ya existen los castigos, es tan simple como juzgar y condenar por homicidio, es un error gigante caer en estos eufemismos que lo único que buscan es distraernos de los problemas de fondo que como sociedad tenemos, como es el caso de la desmedida violencia.

Si bien es cierto que las cifras de violencia son en general más propiciadas por los hombres, también es cierto que son estos los más propensos a sufrirlas, pero ahondare en esto en otro momento, el punto es que los hombres no maltratan a las mujeres o las asesinan por el hecho de ser mujeres, el homicidio o las lesiones personales tienen de fondo una mala formación en las personas, un problema de drogadicción, alcoholismo, crianza o incluso neurológico, pero definitivamente no es por una razón de género.

Si lo que realmente se busca es que se proteja a la comunidad en general debemos criar en el hogar con la cultura de la no violencia, del dialogo como medio de reparación, que como sociedad estudiemos y corrijamos las causas de fondo que llevan a las personas a caer en la rudeza de cualquier tipo, de no hacerlo de esta manera las personas continuaran creando tipos penales para explicar lo que ya tiene una explicación coherente, abriendo así brechas entre los diferentes grupos sociales que terminaran por derrumbar la sociedad como la conocemos.

Por señalar una de las mencionadas brechas, está la encontrada entre el feminicidio y el homicidio, donde este primero tiene hasta cincuenta meses más de prisión, no tiene el beneficio que contempla el artículo 351 de la Ley 906 del 2004, condena gravosamente la falta de diligencia en la investigación y obliga a las instituciones a proteger a la mujer como base fundamental de la sociedad; Este estatus de bravosidad que se le da al feminicidio frente al homicidio es socialmente irresponsable y peligroso ya que consigo trae un mensaje claro y es que una mujer tiene más valor que un hombre y no el igual ante la ley que tanto promulgan sus promotores.

Quiero terminar este escrito con dos simples puntos, primero aclarare que el presente no es una opinión en contra de las mujeres, si no frente a la ley, y en segunda instancia considero que debemos dejar la legislación a los juristas naturales antes de seguir creando leyes que finalmente reemplazaran el “Dura Lex, sed Lex” por el “Absurdum Lex, sed Lex”.

Dr. Omar Leonardo Herrera Rincón
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