COVID-19: ¿RENEGOCIAR EL CONTRATO DE ARRENDAMIENTO ES POSIBLE?

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El contrato de arrendamiento lo podemos definir como aquel acuerdo de voluntades, en el que las partes se comprometen recíprocamente a respetar y cumplir una serie de condiciones.

Entre estas están, la de conceder el uso y el goce del local a cargo de una parte y pagar por esto a cargo de la otra.

No obstante, en el evento en que se presenten situaciones ajenas (fuerza mayor) a las partes, en las que luego de la celebración del contrato se torne una reducción sustancial en la contraprestación para una de estas, el legislador, creo la figura consagrada en el artículo 868 del Código de Comercio que establece la oportunidad de revisar los contratos por circunstancias extraordinarias, imprevistas o imprevisibles, posteriores al mismo.

Se está preguntando: ¿Si es posible terminar el contrato por fuerza mayor?. Ingrese aquí para conocer más.

Figura aplicable a los contratos de ejecución sucesiva, periódica o diferida, que hayan alterado o agravado la prestación de futuro cumplimiento a cargo de una de los contratantes, que le resulte excesivamente onerosa.

Para el efecto, una de las partes afectadas solicitará ante el Juez de conocimiento dicha situación, en la que éste examinará las circunstancias que hayan alterado las bases del contrato, y ordenará, si ello es posible, los reajustes que la equidad indique; en caso contrario, el juez decretará la terminación del mismo. No se aplicará a los contratos aleatorios ni a los de ejecución instantánea.

Es evidente que las medidas para contener el coronavirus constituyen una fuerza mayor para las partes que impide de ambos lados el cumplimiento a cabalidad de las obligaciones debido a la excesiva onerosidad que se presenta para los arrendatarios que no pueden darle al inmueble el uso que los motivo a tomarlo en arriendo pero aun asi tienen que seguir pagando el canon de arrendamiento, sin que se evidencie la reciprocidad propia de este tipo de contratos.

Esta situación permite al arrendador obtener una ventaja sobre el arrendatario, pues a pesar de que este no puede usar el bien debe seguir pagando el canon.

Es esta excesiva onerosidad la que obliga a los contratantes a renegociar el contrato para corregir el desequilibrio que se presenta.

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